En tiempos de pandemia

 

#Entiemposdepandemia  #mequedoencasa

 

No tenemos más remedio que cumplir con las órdenes que nos mantienen en reclusión en casa.

Ya llevamos unos cuantos días inmersos en la nueva situación.  Nuestra vida ha cambiado por completo, han desaparecido nuestras rutinas diarias personales, de trabajo, sociales, todo está del revés.

En estos días solo se oye hablar de coronavirus. Como quien dice, el resto de dolencias y enfermedades de la gente han desaparecido del ambiente como por arte de magia. Ya no hay infartos, no hay sesiones de radioterapia, no vemos a los enfermos de riñón que necesitan diálisis, si alguien se ha caído y se ha roto un brazo o una pierna parece que sea transparente…  Pero no es así, siguen ahí todas las patologías y también necesitan atención, aunque ahora aparece mermada por la urgencia de la pandemia.  Y esas urgencias, también necesitan ser atendidas.  Los médicos multiplican su actividad, seleccionan su actividad según la urgencia y hacen todo lo posible por mantener la calidad asistencial. 

Lo mismo hacemos en casa. Hemos tenido tiempo para reflexionar, revisar nuestras actuaciones, nuestra vida, las actividades que tenemos pendientes, las cosas que queríamos hacer y no hemos podido llevar a cabo por falta de tiempo. Por falta de tiempo o por falta de dedicación específica. Porque vamos postergando según qué cosas, y vamos haciendo las más urgentes, aunque no sean las más importantes.

Ahora la reflexión nos lleva a ver otras necesidades, unas espirituales, otras físicas, otras sociales, otras personales.  Ahora es el tiempo de encontrarnos con nosotros mismos y mirar hacia dentro. Esto nos lleva a tomar conciencia de muchos aspectos de nuestra vida que no habíamos tomado en cuenta ni les habíamos dado la importancia que merecen.

Simplemente, intentar ser uno mismo. Dejarse llevar por nuestra voz interior, esa a la que apenas dejamos hablar, escucharla y ponerle atención.  Dedicar un tiempo a esa escucha interior. Meditar.  Sosegarnos.  Tomar conciencia de nuestro alrededor, de nosotros mismos dentro del sistema social en el que estamos inmersos.  Tomarnos un tiempo para comenzar de nuevo.

 

Con eso vamos a lograr una mejora emocional, una tranquilidad interior que nos hará mirar la vida con un enfoque más positivo, prescindiendo del entorno, tomando conciencia del momento, buscando serenidad y calma. Así reduciremos el estrés y mejorará nuestra salud.

 

Con toda seguridad, al estar más calmados y con esa serenidad interior que proporciona la introspección, veremos cosas que nos habían pasado por alto.  Reflexionaremos sobre algunas de las actitudes que nos irritan y que sopesadas y meditadas vemos que no nos aporta nada en absoluto dejarnos llevar por ellas.  Cambiará nuestra forma de valorar las circunstancias de nuestra vida y sabremos desprendernos de las emociones que nos incomodan y nos hacen perder la tranquilidad.

 

Aprovechemos estos días de forzosa reclusión para dar un nuevo enfoque a nuestro interior, reeducarnos para dar importancia a las cosas que realmente la tienen, y no dejarnos llevar por impulsos sin sopesar si nos favorece o no determinada actitud.

 

Seguro que de estos días de reclusión saldremos con una nueva visión de la vida que nos hará mejores y fortalecerá nuestra relación con nuestro “yo” interior.

 

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