En el dolor del coronavirus I

 

El dolor que nos deja el coronavirus

 

Estamos asistiendo a unos acontecimientos terribles, que se han presentado en una forma totalmente imprevista para los ciudadanos de a pie y nos han sorprendido por completo.

El coronavirus nos ha invadido y sumergido en un vértigo de enfermedad y dolor.

Miles de personas han fallecido, víctimas de la pandemia que nos azota.

Miles de personas a las que ahora sus familiares lloran, acongojados por el dolor propio de la pérdida, y quebrantados por la angustia de no haberlos podido despedir y confortar en su tránsito final.  Seres que han acabado exhalando su último suspiro solos, sin que pudieran acompañarle en esos momentos ningún hijo o familiar que le ayudara con su cariño y amor y le sostuviera en tan duro trance. Y que ahora no pueden despedirlos como hubiesen deseado porque las autoridades no permiten que sus cuerpos sean velados en la forma tradicional, pasando a ser un ataúd únicamente referenciado con un número, a la espera de ser inhumado o incinerado, sin que a veces los familiares puedan decidir ni tan solo en eso.  Porque una cosa son los trámites en tiempos normales y otra los trámites en estos tiempos de coronavirus, que no sé con certeza cómo los están llevando a cabo en los distintos servicios sanitarios de cada autonomía.

En momentos normales, después de todo ese dolor y en cuanto pasen unos días, los familiares se tienen que enfrentar al resto de trámites que siguen a una defunción:

  • contratación de servicios funerarios (si no los tenían previamente contratados)
  • obtener el certificado médico de defunción para su posterior inscripción en el Registro Civil, para
  • inscribir el fallecimiento antes de que transcurran 24 horas desde que se produjo.
  • autorización para dar sepultura al cadáver o para su cremación.

 

Una vez terminados esos primeros pasos, y sobrellevando el dolor del duelo, hay que llevar a cabo otro grupo de gestiones:

  • Buscar si hay testamento
  • Buscar si hay seguros
  • Cambiar el titular de los servicios de agua, electricidad, teléfono
  • Atender las cuentas bancarias del difunto
  • Si existen contratos de alquiler
  • Si existe alguna pensión
  • Etc. etc.
  • Y para el caso de que la persona fallecida tenga patrimonio, lo más importante: saber si había otorgado testamento.

Para saber si existe un testamento, los parientes o la persona encargada al efecto, deben solicitar primero la partida de defunción, o sea, el Certificado de Defunción ante el Registro Civil Central.  (Es bueno pedir más de un ejemplar, ya que los vamos a necesitar para los diferentes trámites que habrá que realizar).

Con esa partida de defunción, y pasados quince días de la defunción, se debe solicitar el Certificado de Últimas Voluntades ante el Registro General de Actos de Última Voluntad. Este organismo nos contestará remitiendo el certificado que indicará si el fallecido había otorgado o no testamento, con indicación de la fecha y el Notario ante el que otorgó el testamento.

Si tenemos testamento, procederemos con el trámite de la Sucesión Testada

Si no tenemos testamento, se abre la Sucesión Abintestato o Intestada

Seguimos en próximo escrito con el detalle de como debemos actuar en cada una de estas dos diferentes situaciones.

 

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