De incertidumbre y decisiones

De incertidumbre y decisiones

 

 

 

 

Hay momentos en la vida en los que de improviso aparecen situaciones que nos descolocan por completo. Desaparece nuestra rutina diaria y se ve sustituida por un cúmulo de noticias, circunstancias y problemáticas que nos rompen la vida normal.

Desaparece la forma de relacionarnos, no solo con la familia, sino con el conjunto de personas de nuestro entorno social, tal como ahora está pasando.

Estos acontecimientos despiertan en nosotros sentimientos encontrados: por una parte el miedo a lo que nos pueda ocurrir, nos sentimos indefensos y desamparados. Ante la pandemia, que se esparce de una manera avasalladora entre la ciudadanía y con la incapacidad gestora de la desgraciada tanda de políticos que nos ha tocado en suerte, solo nos queda la reclusión, la incertidumbre y la soledad.

Buen momento para recapacitar sobre las cosas que deberíamos haber hecho y hemos ido posponiendo sin darnos cuenta del perjuicio que podíamos tener a nivel del conjunto familiar.

De toda esta introspección y recapacitando sobre lo que podríamos haber hecho y todavía no hemos hecho, solo nos cabe poner manos a la obra. Se convierte en un desafío a poner nuestras cosas en orden. Nunca podría haberse presentado mejor momento que este. En esos momentos puede que nos preguntemos: ¿Debo hacer testamento?

Es posible que hace tiempo que ese pensamiento estaba en nuestro interior, y le dábamos vueltas sin concretar el momento de llevarlo a cabo.  Pero las actuales circunstancias nos empujan a llevar a cabo las acciones que hemos ido dejando a un lado y ahora nos damos cuenta que no podemos posponerlas más. Hemos de ordenar nuestras cosas, no dejarnos dominar por las nuevas circunstancias y tomar la determinación de actuar.

Por lo tanto, vamos a tomarnos un tiempo a solas, recapacitar  y hacer un listado con las pautas de las acciones a tomar.

Vamos a tomar en cuenta:

  • Nuestra situación personal, nuestra salud, nuestra edad
  • Las personas de nuestro entorno más íntimo
  • Los bienes que tenemos a nuestro nombre
  • El valor económico de estos bienes
  • Las circunstancias legales en las que se hallan esos bienes
  • Quienes serían nuestros herederos en caso de faltar nosotros
  • A qué personas le adjudicaría la Ley nuestros bienes en caso de morir sin testamento

 

Muy posiblemente, al hacer ese examen nos demos cuenta de que la Ley va por un lado y nuestra voluntad, por otro.  Y eso nos lleve a darnos cuenta que debemos hacer testamento, y en él, detallar el destino concreto de nuestros bienes, adjudicándolos a las personas que nosotros designemos.

Hacer testamento es un acto voluntario, que bien meditado y recapacitado, puede solucionar muchos problemas entre los herederos y puede evitar discordias y enemistades entre los familiares.  Hay que evitar las  herencias sin testamento. Seamos consciente y pensemos, tanto en nosotros mismos como en los familiares que nos van a sobrevivir.

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