Sabemos que vamos a morir

 

Sabemos que vamos a morir. Nada tan cierto como que eso, va a ocurrir. Y sin embargo, vivimos en una especie de negación de esa certeza.

Dependiendo a que religión pertenezcas, cumplirás con una serie de ritos; si no tienes adscripción a una religión concreta, igualmente estás sujeto a lo que marque la costumbre o la sociedad en la que estés viviendo.  Los que queden, cumplirán lo que sea pertinente por ti y harán lo necesario hasta darte sepultura. 

Y en el momento de nuestra ausencia, cuando familiares y amigos queden al cargo de lo que hayamos  dejado, se advertirá el trabajo que hayamos realizado. O se verá la falta de no haberlo realizado. No es lo mismo que antes de nuestra muerte nos hayamos preocupado de dejar un poco de orden en nuestras pertenencias, de los bienes tanto muebles como inmuebles que hayamos podido acumular a lo largo de nuestra vida, y hayamos hecho un trabajo previo de criba y limpieza y  preparado nuestras cosas para nuestra ausencia.

Cuando ya llegamos a según que edad, hemos de ser conscientes de que la muerte llegará, en un momento u otro, y hay una serie de asuntos que debemos tener controlados y preparados:

En primer lugar, y tomando conciencia de que se acaba la vida, hemos de realizar una preparación meditada para su llegada. No es ningún drama, simplemente, es ley de vida, y es mejor que no nos pille desprevenidos. Cuidar nuestro interior y realizar las preparaciones anímicas necesarias.

En segundo lugar hay que realizar un examen del ámbito material que nos rodea, y una  relación de los trabajos a realizar antes de morir, que como mínimo deberían contener una clasificación y  limpieza física de bienes materiales, tales como ropas, fotos, libros, objetos personales, muebles, herramientas, etc. etc.  Una vez cubiertos esos trabajos, o paralelamente, debemos examinar en qué situación queda nuestra familia, con que medios de vida económicos cuentan para subsistir, si será necesario un cambio de vivienda o domicilio para el cónyuge sobreviviente (si es el caso).

Y lo principal,  pensar en cómo vamos a hacer testamento para que nuestros bienes queden adjudicados en la forma debida, y la herencia no se transforme en un quebradero de cabeza  para nuestros herederos y en unos pagos de impuestos sobre sucesiones que los graven en demasía, y a los cuales no estén en condiciones económicas de hacerles frente.   Ya que son gastos ineludibles por imperativo legal, hay que procurar que sean los mínimos posibles, todo dentro de la legalidad. El tema de las herencias es lo suficientemente delicado para que le dediquemos una atención muy concreta y atenta, ya que de cómo hagamos las cosas dependerá en muchas ocasiones que las relaciones entre nuestros herederos sean cordiales o se conviertan en un enfrentamiento que nunca hubiéramos querido dejar al faltar nosotros.

Simplemente, preocuparnos un poco y prepararlo todo para evitar que nuestros familiares, además del dolor por nuestra desaparición, tengan que ponerse en la tarea de dar destino al montón de pertenencias que dejamos a nuestro alrededor. Continuaremos comentando sobre esto.

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