Comenzar de nuevo

Comenzar de nuevo

A veces, personalmente, nos sentimos atrapados en situaciones o dependencias, y no vemos la manera de salir de ellas. Es más fuerte el sentimiento de dependencia que se ha instalado en nuestro pensamiento,  ya sea de personas o de relaciones emocionales, que las ganas y la necesidad de salir de ellas.

Muchas veces nos sentimos atrapados en situaciones indeseadas o en relaciones desagradables, desgraciadas, que nos provocan desazón, sufrimiento o sentimientos de angustia. Recapacitando ante situaciones de este tipo, examinando nuestros sentimientos, hemos de ser capaces de reconocer el momento en que somos conscientes de la necesidad de romper con algo o alguien.  Y en ese momento, hay que salir de nuestra zona de confort, y sacudir nuestra conciencia y tomar la decisión de acometer el cambio que precisemos.´

Es bueno dejar fluir nuestra intuición, examinar en nuestro interior, sopesar nuestro grado de tranquilidad emocional, la falta de felicidad que parece que se esfumó, y apartar todos esos aspectos enojosos. Barrerlos a un lado, y hacer espacio nuevo a nuevas situaciones.

Comenzar de nuevo siempre es posible, mientras tengamos un soplo de vida podemos hacer el intento.  No todas las personas son capaces de actuar y quedan atrapadas en su inercia, pero hay que ser valientes y afrontar los cambios con coraje, sin temor al fracaso y sin quedarnos anclados en esa relación que nos produce sufrimiento.

Igual que cumples un nuevo año, igual que dejas un mal hábito y lo aparcas a un lado de tu camino, puedes volver a comenzar.

Aunque sientas el corazón estrujadillo, aunque  respirar hondo te cueste, verás que insistiendo en la respiración profunda, ahuyentas la niebla de la mente y hasta una sonrisa se dibuja en tu cara.

Cargarse de propósitos es bueno, y listarlos por orden de importancia nos hace desmenuzar el problema.  Sentir el acicate de verlos realizados. Saborearlos antes de verlos cumplidos.

Cada una de las fases, conforme se van cumpliendo, nos hacen sentir una nueva ilusión, y al verlos realizados, algo muy parecido a la felicidad, nos inunda. Es un sentimiento íntimo, solo por nosotros percibido, la satisfacción, ese deleite de comprobar que nuestro pensamiento se ha materializado, que tenemos ante nosotros nuestro propósito cumplido.

No estamos solos. Y no siempre las personas que tenemos a nuestro alrededor son las que nos proporcionan la serenidad, el amor y la comprensión que necesitamos para convivir.  Los egoísmos y la falta de comprensión arruinan muchas de las relaciones. Necesitamos buenas dosis de criterio propio para prescindir de las opiniones de los demás, y seguir nuestro pensamiento, avanzar en nuestro proceso de cambio y conseguir aquello que nos da tranquilidad y nos hace sentir cómodos y felices.

Es bueno lograr estar uno bien consigo mismo. Teniendo esa paz interior podremos interiorizar confianza en nosotros mismos, y a partir de ahí escuchar nuestra opinión personal, y proceder en consecuencia. Nadie conoce nuestro interior como nosotros mismos. Como mínimo, nos dará confianza en las decisiones que tomemos, y si nos equivocamos, podemos aprender del error cometido y retomar acción corrigiendo los errores pasados. Esto aumentará nuestra autoconfianza sin sentir las críticas y la desaprobación de los demás de nuestro entorno, cosa que muchas veces nos causa gran incomodidad.

Hay que ser valiente, tener coraje personal,  no temer al fracaso y tener consciencia de la necesidad de afrontar y llevar a cabo el cambio necesario para poder vivir con libertad y felicidad.

 

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